16-07-12 escrito por Mi parto en casa


Se cumplió mi fecha prevista de parto y fui a monitores por cuarta vez. Allí, en la camilla enchufadina a aquel aparatejo escuchaba entre los latidos del corazón de mi baby como la obstetra le decía a gritos y con tono de enfado a la matrona  pero-¿Cómo que embarazo sin riesgo? Tal cosa no existe, todos tienen riesgo, bueno,  ¿cómo que un parto en casa? desde luego la gente no sabe lo que hace es una locura etc..) Me estaban poniendo nerviosísima y no se daban cuenta que lo único que hacían era ratificar mi idea de que después de la experiencia de mi primer parto, la locura hubiera sido volver allí para dar a luz… de verás que hubiera preferido parir en una cuadra que en ese hospital.

Vivimos en lo alto de una montaña y se me ofreció la posibilidad de parir en alguna casa más cerca de la civilización pero… tenía que ser en mi casa. El sentirnos cómodas con el ambiente que nos rodea, es uno de los factores más importantes que ayudan a que la cascada hormonal fluya naturalmente y ¿Dónde mejor se puede sentir uno? Claro, con la seguridad de tener a la matrona Andrea Brandt y sus más de 600 bebés nacidos en casa a mi lado. Además en casa propia no hay riesgo de infección porque funciona como un lugar libre de bacterias desconocidas para el organismo de la mamá y su bebé.
Yo ya estaba que explotaba y si mi baby se retrasaba demasiado Andrea rechazaría seguir adelante por el riesgo que podía implicar ya que ella en caso de complicación no duda que el hospital es la mejor opción y yo me sumo a la idea. Ya empezaba a asumir que ese lunes si todavía no me ponía de parto tendría que empezar a planear una inducción en el hospital.
Andrea vino a visitarnos el domingo y me dio unos remedios homeopáticos para ayudar a que mi organismo empezara con el proceso, fue mano de santo, ese mismo domingo por la noche empecé a sentir contracciones. Durante todo el día sentía como se hacían cada vez más y más potentes. Estaba muy contenta ya que en el hospital con mi primer hijo no tuve la oportunidad de sentir ninguna contracción natural. Me pasee por el campo todo lo que pude para ayudar al descenso del bebé. Se hizo de noche y llegó Andrea.
Mi deseo de pasar la mayor parte del proceso sola con mi pareja fue respetado al máximo. Escuchábamos la lluvia sonar con fuerza desde nuestra habitación, el nido ideal; a la luz de las velas, la lavanda quemando y un poco de música relajante de fondo. Me movía dejándome llevar por el instinto, haciendo movimientos circulares sentada encima de una gran pelota de gimnasia agarrada a una larga tela que colgaba de la vida. Llegó el momento en el que eran tan fuertes que llamamos a Andrea para ver si me podía dar un baño. Así hice, esto aceleró el proceso y poco rato después de estar en la habitación otra vez, sentí unas inmensas ganas de empujar y… ¡Es un niño! Mi segundo niño Arián nació en 3 empujones fuertes a las 3 de la madrugada pesando 3,850kg ¡Que alivio! Nos pasamos 3 días en la camita, muy tranquilos, así que la leche me bajo enseguida. Me recuperé súper pronto, sin secuelas, nada que ver con mi primer parto que tanto me tocaron tanto me metieron que estuve con dolores internos durante casi un año. No hay día que no de gracias y piense en el momento tan mágico vivido en esta habitación. El vínculo que hoy tengo con mi casa y el lugar es enorme. Desearía que hubiera más información sobre las ventajas de un parto fisiológico en el que la mujer participe de forma activa.