Colores de la habitación de los niños

Según teorías como el Feng Shui los colores en el hogar tienen gran importancia. No es lo mismo pintar una habitación de negro que de verde, las sensaciones que nos transmita uno u otro tono serán distintas en cada caso y podrán influir en nuestro estado de ánimo. Además de esta influencia anímica, el color elegido puede hacer también que una habitación se vea más amplia, luminosa y alegre.

La habitación infantil es un espacio que requiere de un color y unas energías distintas que el resto de la casa.

Los niños van a pasar mucho tiempo allí, jugando, estudiando y descansando. Por eso el color que se elija debe resultar poco estridente, no debe llamar la atención en exceso y su misión principal será relajar al niño y transmitirle buenas sensaciones.


Los colores neutros son una elección segura


En general se recomiendan los colores neutros ya que son fácilmente combinables. Si queremos dotar a la habitación de los niños de colores fuertes y alegres lo mejor es que los incluyamos en los muebles y otros accesorios. Esto además nos permitirá cambiar el tono de la habitación más a menudo. Pensemos que el niño pasa por diferentes etapas, no es lo mismo un bebé que un niño de cinco años. Si utilizamos tonos claros o beige en las paredes podemos hacer que prevalezca en azul en la decoración para crear un ambiente relajante para el bebé o el verde si queremos potenciar la creatividad en un niño más mayor.

Hay colores que deberemos evitar en el cuarto infantil, los tonos que van del gris al negro no son recomendables, implican ausencia de luz y atraen pensamientos tristes. Los colores fuertes como el rojo son más positivos, están cargados de energía, pero no habría que abusar de ellos si tenemos un niño especialmente activo. En este caso puede que sea mejor emplear tonos más fríos como el azul o el lavanda, hacen la habitación más amplia, son relajantes y tranquilizadores y ayudan a conciliar el sueño.

Los colores cálidos también son apropiados para estas estancias. Tonos anaranjados y amarillos llenan la habitación de energía y la hacen más clara, son apropiados para cuartos con poca luz. Tienen la ventaja de que si son claros relajan, en cambio las tonalidades más fuertes pueden activar a un niño más apático.


Los colores muy chillones y fuertes pueden ser no recomendados


Muchas veces se cae en el error de llenar la habitación infantil de colores fuertes y chillones, si bien es cierto que dan a la habitación una apariencia alegre y desenfadada, también lo es que no crean un ambiente demasiado propicio al descanso. La norma general apuesta por dotar de color objetos concretos mientras se mantienen en las paredes tonos neutros. El blanco es el más puro de ellos, transmite armonía, limpieza, paz, pero si se quiere dotar la estancia infantil de un tono más alegre se puede optar por cualquiera de los enunciados, eso sí, teniendo en cuenta la personalidad del niño. Es importante consultarle si ya tiene edad para ello, pensemos que es el niño el que va a convivir en ese espacio más tiempo por lo que se debe sentir a gusto con lo que le rodea.