15-08-12 escrito por Sandra Mi parto en casa con Andrea Brandt
En otro artículo cuento lo bonito que fue mi parto en casa pero me gustaría hacer hincapié en cómo fue mi relación y experiencia con la matrona Andrea Brandt. Andrea trabajaba en un hospital como médico obstetra pero después de varias acciones que creía moralmente incorrectas, decidió ayudar a mujeres a tener un parto más íntimo y personal en sus casas. Tenemos la gran suerte de que haga esto realidad en Asturias, aunque a veces también se desplaza a otras provincias para ayudar a las futuras mamás que deciden tomar este camino.
Considerando que mi primer parto no fue tan respetado como yo hubiera deseado y sabiendo que en Inglaterra hay muchas más opciones de parto, intenté arreglar papeles para que mi segundo hijo naciese allí, ya que mí pareja es de allí. Pero el sistema sanitario inglés permite dar a luz en su país siempre que quieran sólo a las mamás nativas o residentes, no a los papás. A mí esto no me parece bien ya que tanto padre como madre deberían de tener los mismos derechos para tener a su hijo en su país.
Al volver a Asturias conocí a uno de los hijos de Andrea por casualidad y comentándole que querría tener un parto en casa me dio su número para que la llamara. Andrea ya tenía 2 partos en ese mes de noviembre 2011 y no quería arriesgar coger el mío en caso de que no me pudiera asistir, pero 3 cosas le hicieron cambiar de idea. 1º su hijo, 2º que vivimos relativamente cerca y 3º que yo asumí el riesgo en el caso de que no me pudiera asistir si otra mamá se ponía de parto. Nos hizo varias visitas en casa examinando los posibles lugares en los que se podría desencadenar el parto, nos dio consejos de preparación y un listado de cosas para tener preparadas.
Conocer la matrona que me asistiría el parto de antemano, poder expresarle mis miedos y mis preferencias me daba mucha seguridad. Hablamos sobre qué era lo que yo quería y sobre las anécdotas de sus años de experiencia. Me recomendó un curso de parto fisiológico en el que nos abrieron los ojos sobre lo fluido que puede llegar a ser un parto; todos los cuerpos tienen reflejos instintivos de eyección, expulsión, como hacer pis y caca, vomitar y parir. El ejemplo de ir al baño a hacer caca es muy bueno porque lo practicamos todos, todos los días, no hay que hacer un esfuerzo sobrehumano que nos deja secuelas al empujar. Cuando está listo el bebé, no tenemos ni casi que empujar conscientemente, nadie nos tiene que decir empujaaa empujaaa sino que nuestro cuerpo lo expulsa por reflejo. Empujar cuando no es el momento, nos puede producir secuelas.
Respetaron mi intimidad al máximo siendo tan sólo examinada un par de veces para ver cómo iba la dilatación. Cuando las contracciones se hicieron demasiado intensas me ayudaba a ponerme en posturas para facilitar el descenso al bebé y aunque en ocasiones me resultó difícil con esfuerzo intenté seguir sus indicaciones y alejarme lo más posible de el circulo vicioso de miedo-dolor-más miedo-más dolor y hacer sonidos profundos que me ayudaran a liberar la tensión. Cuando las contracciones ya eran muy fuertes me di un baño que aceleró el expulsivo y cuando llegó el momento de empujar rompí aguas. Su marido nos ayuda en el expulsivo “alumbrándonos” con una lámpara-estufa que daba muchísimo calor y una luz indirecta, mi pequeño cayó en sus manos y seguidamente me lo pasó con el cordón todavía enganchado. Me dieron un zumo de frutas y brindamos con champán.









